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ATENCIÓN · TECNOLOGÍA · NATURALEZA

JACOB COXON Y LA ADVERTENCIA QUE NOS OBLIGA A RECUPERAR LA ATENCIÓN.

Un investigador que trabajó en OpenAI y Anthropic renunció esta semana y advirtió sobre una carrera hacia la superinteligencia. Su mensaje no demuestra que la humanidad vaya a desaparecer en 2030, pero abre una pregunta urgente: ¿cómo conservar nuestra capacidad de decidir mientras la tecnología avanza?

Un grupo camina junto al agua entre los bosques de montaña del Camino del Agua.
EL CAMINO DEL AGUA · ARCHIVO BUSHMAN

Esta semana, una renuncia dentro de una de las compañías de inteligencia artificial más importantes del mundo convirtió una discusión técnica en una conversación pública. No ocurrió porque apareciera una nueva aplicación. Ocurrió porque una persona que ayudó a entrenar esos sistemas decidió apartarse y decir que la carrera se estaba volviendo demasiado peligrosa.

QUÉ DIJO JACOB COXON

Jacob Coxon trabajó durante tres años en investigación de preentrenamiento, primero en OpenAI y después en Anthropic. El 8 de septiembre anunció en X que renunciaba a Anthropic. En su mensaje escribió: Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives.

Su argumento es que los principales laboratorios están atrapados en una competencia por construir sistemas cada vez más capaces. Cada empresa teme que otra llegue primero y, bajo esa presión, la velocidad termina imponiéndose sobre la prudencia. Coxon afirmó también que algunas de las personas que construyen estos sistemas consideran posible un desenlace catastrófico antes de terminar la década.

Esa última frase fue la que cruzó las fronteras de la industria y llegó a entrevistas, periódicos, noticieros y millones de pantallas. En sus conversaciones posteriores con medios como CNN, CBS y WIRED, Coxon explicó que su preocupación no se refiere a que los asistentes actuales vayan a tomar el control mañana. Se refiere a sistemas futuros que pudieran mejorar sus propias capacidades, operar con mayor autonomía y superar los mecanismos humanos de supervisión.

Una advertencia no es una profecía. Pero tampoco deja de importar porque todavía no pueda demostrarse.

QUIÉNES RESPALDARON SU ADVERTENCIA

Coxon no quedó solo. Evan Hubinger, responsable de Alignment Science en Anthropic, respondió públicamente: Jacob is correct here—we really do earnestly believe AI could kill all humans! Hubinger estimó en más de 10% la posibilidad de un desenlace de ese tipo durante la próxima década y reconoció que todavía no existe un plan probado para alinear una eventual superinteligencia.

Samuel Marks, responsable de Scalable Oversight en Anthropic, publicó otra respuesta a título personal. Confirmó que desarrolladores del sector contemplan seriamente escenarios de extinción o catástrofe comparable y señaló que, dentro de la industria, las personas con más experiencia suelen mostrar mayor preocupación.

La advertencia también fue amplificada por el senador estadounidense Bernie Sanders, quien sostuvo que Coxon no era una voz aislada y la relacionó con su propuesta para detener temporalmente el desarrollo de superinteligencia artificial. Ese respaldo es político, no una demostración científica, pero muestra que la discusión ya salió de los laboratorios.

LO QUE TODAVÍA NO SABEMOS

La afirmación de que la inteligencia artificial podría acabar con la humanidad antes de 2030 no es un hecho establecido ni una predicción aceptada por consenso. Es una estimación de riesgo sobre tecnologías que todavía no existen en la forma descrita. Investigadores como Gary Marcus y especialistas en seguridad informática han cuestionado el tono apocalíptico y sostienen que concentrarse únicamente en la extinción puede distraernos de daños actuales, verificables y más inmediatos.

Entre esos problemas presentes están la desinformación, la concentración de poder, la sustitución de ciertas tareas, la vigilancia, los sesgos y la posibilidad de automatizar ataques digitales. La propia Anthropic sostiene que trabaja con algunas de las medidas de seguridad más estrictas de la industria. Nada de esto resuelve el debate, pero obliga a colocarlo en su justa dimensión: hay una advertencia seria, respaldada por personas cercanas al desarrollo de la tecnología, y también existen desacuerdos legítimos sobre su probabilidad y sus soluciones.

POR QUÉ HABLAMOS DE ESTO EN BUSHMAN

Bushman no es una publicación tecnológica. Nuestro trabajo sucede en montañas, selvas, comunidades y caminos. Precisamente por eso esta conversación nos importa.

La inteligencia artificial modifica la forma en que buscamos información, producimos imágenes, tomamos decisiones y construimos una idea del mundo. Puede ayudarnos a resolver problemas, ampliar capacidades y abrir posibilidades extraordinarias. Pero también puede ocupar cada espacio disponible de nuestra atención. Y una sociedad que delega su atención termina delegando algo más profundo: su capacidad de distinguir, elegir y responder.

No necesitamos aceptar la predicción más extrema de Coxon para reconocer una evidencia cotidiana. Pasamos más tiempo relacionándonos con representaciones del mundo que con el mundo mismo. Sabemos lo que ocurre a miles de kilómetros antes de advertir el cambio de la luz, el cansancio del cuerpo o la calidad de una conversación frente a nosotros.

La primera frontera que debemos proteger no está dentro de una máquina. Está en nuestra capacidad de prestar atención.

CAMINAR NO ES HUIR DE LA TECNOLOGÍA

Entrar a la naturaleza no detiene la carrera de la inteligencia artificial. Tampoco sustituye la regulación, la investigación o la responsabilidad de las empresas. Caminar no es una solución técnica y sería ingenuo presentarlo de esa manera.

Lo que sí puede hacer es devolvernos una escala humana. Al caminar durante horas, la atención deja de saltar entre estímulos diseñados por otros. Regresa al terreno, a la respiración, al clima, al ritmo del grupo y a las decisiones concretas. El cuerpo vuelve a participar en la comprensión. La incertidumbre no desaparece, pero deja de ser solamente una idea en una pantalla.

Por eso diseñamos El Camino del Agua como un retiro en movimiento. No para rechazar el presente ni para prometer una transformación instantánea, sino para crear las condiciones en las que una persona pueda recuperar atención, caminar con una pregunta y conversar sin la presión de producir una respuesta inmediata.

LA PREGUNTA QUE QUEDA

Tal vez Coxon tenga razón sobre la magnitud del peligro. Tal vez sus críticos tengan razón al decir que el escenario más extremo está recibiendo demasiada atención. Todavía no lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que ninguna tecnología puede decidir por nosotros qué clase de relación queremos mantener con el mundo. Esa decisión sigue siendo humana. Y para tomarla necesitamos algo que la velocidad contemporánea debilita cada día: presencia suficiente para observar antes de reaccionar.

Quizá el primer acto de responsabilidad sea volver a mirar.

FUENTES Y LECTURAS

Este texto distingue declaraciones verificables, estimaciones de riesgo y reflexión editorial. Las fuentes fueron consultadas el 12 de septiembre de 2026.

  1. El hilo original de Jacob Coxon en X
  2. La respuesta de Evan Hubinger
  3. La respuesta de Samuel Marks
  4. La entrevista y el contexto publicados por WIRED
  5. La cobertura de Associated Press
  6. Una lectura crítica desde Scientific American