HIMALAYA · ECOLOGÍA · CULTURA
CORDYCEPS: EL ORO DEL HIMALAYA QUE ESTÁ DESAPARECIENDO
Durante décadas, un diminuto hongo convirtió las montañas más remotas de Nepal en una fuente inesperada de riqueza. Hoy, el cambio climático, la sobreexplotación y la transformación del comercio amenazan no solamente sus poblaciones naturales, sino también las formas de vida de las comunidades que dependen de él.

El tesoro escondido bajo las praderas del Himalaya
Cada primavera, cuando la nieve comienza a retirarse de las montañas del Himalaya, miles de personas emprenden una peregrinación muy distinta de las que acostumbramos imaginar en estas tierras.
No se dirigen a un monasterio ni buscan alcanzar una cumbre.
Caminan durante días hacia las praderas alpinas, a veces por encima de los 4,500 metros de altitud, cargando tiendas de campaña, alimentos y herramientas sencillas. Allí permanecerán durante semanas, recorriendo lentamente el terreno, con la mirada fija en el suelo.
Buscan algo que apenas sobresale unos centímetros entre los pastos.
Una pequeña estructura oscura, semejante a una ramita seca, que podría pasar inadvertida incluso para un caminante experimentado.
Buscan Cordyceps, el extraordinario hongo del Himalaya conocido localmente como yarsagumba.
Durante las últimas décadas, este organismo se convirtió en uno de los productos naturales más valiosos del planeta.
En determinados mercados, los ejemplares de calidad excepcional llegaron a comercializarse a precios superiores a los del oro por unidad de peso.
Pero su importancia va mucho más allá de su valor económico.
El Cordyceps ha financiado la educación de niños, sostenido familias, transformado comunidades pastoriles y conectado algunas de las aldeas más aisladas del Himalaya con los mercados de lujo de China.
Hoy, sin embargo, algo está cambiando.
Las cosechas están disminuyendo en numerosas regiones. Los compradores ya no llegan como antes. Las temperaturas aumentan. Los pastizales se transforman. Y las familias que habían construido parte de su economía alrededor de este organismo comienzan a preguntarse cómo será su futuro.
Para comprender lo que está ocurriendo necesitamos mirar mucho más allá del hongo.
Necesitamos comprender la montaña y a quienes la habitan.

Un organismo que es hongo y oruga al mismo tiempo
El organismo al que nos referimos se conoce científicamente como Ophiocordyceps sinensis, anteriormente clasificado como Cordyceps sinensis.
Aunque el nombre Cordyceps continúa utilizándose ampliamente en el comercio y el lenguaje cotidiano, es importante reconocer que el término puede referirse también a otras especies de hongos.
Su nombre tradicional tibetano, yartsa gunbu, del que deriva el término nepalí yarsagumba, suele traducirse como «hierba de verano, gusano de invierno».
La expresión describe de manera sorprendentemente precisa su naturaleza.
El Cordyceps del Himalaya es un hongo parásito que infecta las larvas de determinadas polillas, especialmente del género Thitarodes y grupos relacionados.
Estas larvas viven bajo tierra, entre las raíces de las plantas que crecen en las praderas alpinas.
Cuando una larva susceptible es infectada, el hongo comienza a desarrollarse dentro de su cuerpo y termina provocando su muerte.
La larva queda momificada bajo tierra.
En condiciones ambientales favorables, el hongo desarrolla una estructura reproductiva alargada que emerge de la cabeza del insecto y atraviesa la superficie del suelo.
Eso es lo que buscan los recolectores.
El ejemplar comercializado conserva ambas partes: el cuerpo de la larva y la estructura reproductiva del hongo.
Su existencia depende de un equilibrio ecológico extraordinariamente específico.
Necesita determinadas condiciones de humedad, temperatura, vegetación y suelo.
Necesita también la presencia de insectos hospedadores capaces de completar parte de su ciclo biológico bajo esas condiciones.
Por eso no basta con que el clima sea frío.
El Cordyceps forma parte de una red de relaciones biológicas que difícilmente pueden reproducirse de manera sencilla.
Y esa dependencia es precisamente una de sus mayores vulnerabilidades.
De remedio tradicional a mercancía de lujo
Mucho antes de que el Cordyceps apareciera en los mercados internacionales, ya era conocido en las tradiciones médicas tibetanas y chinas.
Durante siglos se utilizó como ingrediente medicinal asociado con la vitalidad, la resistencia física y el fortalecimiento del organismo.
Con el tiempo, su reputación creció hasta convertirse en un producto particularmente apreciado entre consumidores de alto poder adquisitivo.
Conviene distinguir aquí dos cuestiones.
El uso tradicional del Cordyceps posee una historia cultural documentada. Sin embargo, muchas de las propiedades terapéuticas que se le atribuyen comercialmente no cuentan con evidencia clínica suficientemente sólida en humanos.
Su elevado precio refleja su escasez, la dificultad de recolección, la demanda y su prestigio cultural; no constituye una demostración de eficacia médica.
Durante las últimas décadas del siglo XX, el crecimiento económico chino y el aumento de la demanda de productos medicinales de lujo provocaron una transformación extraordinaria.
El Cordyceps dejó de ser únicamente un recurso de uso regional.
Se convirtió en una mercancía internacional.
Una investigación publicada en 2018 en Proceedings of the National Academy of Sciences documentó que, entre 1997 y 2012, su precio aumentó en promedio alrededor de un 20% anual.
En 2017, ejemplares de calidad excepcional llegaron a venderse en Pekín por más de 140,000 dólares estadounidenses por kilogramo.
Ese precio correspondía a un segmento minorista de lujo, no a lo que recibían las familias recolectoras de Nepal.
Sin embargo, el crecimiento del mercado tuvo consecuencias enormes en las comunidades de montaña.
De pronto, un organismo que crecía en terrenos aparentemente poco productivos podía proporcionar ingresos monetarios que otras actividades locales difícilmente ofrecían.
Las praderas alpinas se habían convertido en una nueva frontera económica.

Cuando una temporada de cosecha podía sostener a una familia durante todo el año
Para comprender el impacto del Cordyceps debemos imaginar cómo se organiza la vida en las regiones más elevadas de Nepal.
En territorios como Dolpo, Mugu, Humla, Nubri y Tsum, la agricultura está limitada por la altitud, el frío, la disponibilidad de agua y la corta duración de las temporadas de cultivo.
Durante generaciones, numerosas comunidades combinaron pequeñas parcelas agrícolas con el pastoreo de yaks y otros animales, el comercio transhimalayo y la recolección de plantas medicinales.
No se trataba de economías aisladas ni inmóviles.
Las poblaciones del Himalaya han mantenido históricamente complejas redes de intercambio cultural y comercial a través de las montañas.
Pero el crecimiento del mercado del Cordyceps modificó profundamente la importancia relativa de esas actividades.
En algunos lugares, unas pocas semanas de recolección podían producir una parte considerable de los ingresos monetarios anuales de una familia.
El dinero permitía comprar arroz, aceite y otros alimentos que no se producían localmente.
También podía utilizarse para pagar tratamientos médicos, educación, transporte, mejoras en las viviendas y ceremonias religiosas.
La cosecha comenzó a organizar el calendario de muchas familias.
Cuando llegaba la temporada, los habitantes abandonaban temporalmente sus aldeas para instalarse en campamentos de altura.
Hombres, mujeres y, en ocasiones, niños participaban en la búsqueda.
Durante semanas, las praderas se convertían en asentamientos temporales.
La vida cotidiana de las comunidades se desplazaba hacia la montaña.
Y con ella también se desplazaban sus expectativas de prosperidad.
Pero esta nueva fuente de ingresos tenía una fragilidad fundamental:
Dependía de un organismo silvestre cuya abundancia nadie podía garantizar.
2026: la temporada en que el oro comenzó a perder su brillo
En julio de 2026, el periódico nepalí The Kathmandu Post publicó un reportaje desde las regiones montañosas de Karnali.
La historia incluía a Durga Bahadur Budha, un recolector de 62 años que llevaba casi dos décadas buscando Cordyceps en las montañas de Mugu.
Ese año caminó durante tres días con su familia hasta las praderas de Thulo Koiki.
Llevaron provisiones valoradas en aproximadamente 50,000 rupias nepalíes.
Después de dos semanas de búsqueda encontraron solamente 210 ejemplares.
No era un caso aislado.
Las autoridades de Mugum Karmarong señalaron en julio que cerca de 4,000 recolectores habían entrado a los principales pastizales durante la temporada.
A esas alturas, aproximadamente el 70% ya había regresado anticipadamente debido a los malos resultados.
En septiembre, una nueva investigación del mismo periódico documentó cómo numerosas familias de Dolpa y Mugu estaban enfrentando simultáneamente cosechas más pequeñas, precios inferiores y dificultades para encontrar compradores.
Los registros de la Dirección Forestal de Karnali mostraban una disminución considerable de las cantidades oficiales:
- 2018–2019: aproximadamente 1,609 kilogramos.
- 2019–2020: aproximadamente 1,405 kilogramos.
- 2023–2024: aproximadamente 807 kilogramos.
- Último periodo completo reportado en septiembre de 2026: aproximadamente 494 kilogramos.
- Estimación preliminar de la temporada de 2026: entre 300 y 450 kilogramos.
Estas cifras requieren una precaución importante.
Los registros administrativos no constituyen un censo biológico del hongo. Pueden variar debido a cambios en los permisos, el comercio, el transporte, las actividades no registradas y las interrupciones de recolección durante la pandemia.
Por tanto, no sería correcto interpretar automáticamente la caída de los registros como una disminución equivalente de la población natural.
Aun así, combinados con los testimonios locales y las investigaciones científicas, los datos presentan una situación preocupante.
La recolección está dejando de ofrecer los beneficios económicos que muchas familias habían aprendido a esperar.
Y para algunas, el problema ya no es solamente encontrar menos Cordyceps.
Es no saber a quién venderlo.
El cambio climático está transformando el mundo del Cordyceps
Una de las investigaciones científicas más importantes sobre este fenómeno fue publicada en 2018 por Kelly Hopping, Stephen Chignell y Eric Lambin.
Los investigadores combinaron testimonios de recolectores de la región del Himalaya y el Tíbet con modelos ecológicos y climáticos.
Su conclusión fue que la disminución del Cordyceps está relacionada con la interacción entre la sobreexplotación y el cambio climático.
El hallazgo es importante porque evita una explicación demasiado sencilla.
No se trata únicamente de que haya demasiadas personas recolectando.
Tampoco se trata exclusivamente del aumento de temperatura.
Ambos procesos pueden reforzarse.
El Cordyceps está adaptado a ambientes alpinos fríos y depende de condiciones particulares del suelo, la humedad, la vegetación y sus insectos hospedadores.
A medida que aumentan las temperaturas, esos ambientes cambian.
Los periodos de congelación y deshielo pueden alterarse.
La humedad del suelo puede modificarse.
La vegetación responde a nuevas condiciones.
Los insectos hospedadores también pueden experimentar cambios en su distribución, abundancia y supervivencia.
Podríamos pensar que el hongo simplemente se desplazará hacia mayores altitudes.
Pero la naturaleza rara vez funciona de manera tan sencilla.
Para que el Cordyceps sobreviva en un nuevo territorio, también deben encontrarse allí los insectos adecuados, las condiciones del suelo y las comunidades vegetales que sostienen su ciclo biológico.
Todos esos componentes necesitan coincidir.
Y las montañas tienen un límite físico.
A cierta altitud, simplemente deja de existir el ambiente adecuado.
El calentamiento global no desplaza automáticamente ecosistemas completos hacia arriba.
Puede fragmentarlos, desincronizarlos o reducir los lugares donde sus especies consiguen sobrevivir.
En el caso del Cordyceps, esto amenaza un equilibrio biológico extraordinariamente delicado.
La paradoja de la sobreexplotación
Durante años, el aumento del precio atrajo a un número creciente de recolectores.
Las familias comenzaron a dedicar más tiempo a buscar ejemplares.
Personas de otras regiones viajaron hasta los pastizales.
En algunos lugares surgieron disputas por el acceso y el control de las zonas productivas.
La recolección requiere observar minuciosamente el suelo y extraer cuidadosamente los ejemplares encontrados.
Cuando miles de personas recorren reiteradamente las mismas praderas, el impacto acumulado puede ser considerable.
La compactación del terreno, las excavaciones, los residuos de los campamentos y las alteraciones de la vegetación pueden deteriorar hábitats particularmente sensibles.
Además, extraer ejemplares antes de que completen su reproducción puede limitar la dispersión de esporas.
La magnitud de estos efectos varía entre regiones y prácticas de cosecha, pero existe una preocupación científica legítima por sus consecuencias acumuladas.
El problema central es que un recurso silvestre se convirtió en la base económica de numerosas familias sin que siempre existiera suficiente conocimiento científico para determinar cuánto podía recolectarse de manera sostenible.
Cuando el valor comercial aumenta, también aumenta la presión por extraer más.
Pero si esa extracción reduce las cosechas futuras, las familias pueden sentirse obligadas a dedicar todavía más tiempo a la búsqueda.
Se crea así un círculo difícil de romper.
La necesidad económica impulsa la recolección.
La recolección intensiva puede contribuir al deterioro del recurso.
Y la disminución del recurso aumenta la vulnerabilidad económica de quienes dependen de él.
La crisis que viene de China
Existe otro elemento fundamental para comprender lo que está ocurriendo en 2026.
El comercio del Cordyceps silvestre depende en gran medida de la demanda china.
Durante años, comerciantes de Nepal compraban los ejemplares recolectados en las montañas y los trasladaban hacia mercados fronterizos o centros comerciales como Katmandú.
Allí se conectaban con compradores que abastecían el mercado chino.
Pero en 2026 los comerciantes de Karnali comenzaron a describir una situación distinta.
Según testimonios recogidos por The Kathmandu Post, numerosos compradores chinos dejaron de acudir a los mercados habituales, mientras persistía la incertidumbre sobre la apertura de ciertos puntos de comercio fronterizo.
Los mercados temporales de Marimla y Hyajimar habían servido tradicionalmente para el intercambio de Cordyceps y otros productos medicinales por alimentos y mercancías cotidianas.
En septiembre de 2026, comerciantes y autoridades locales señalaron que todavía no tenían confirmación de las fechas de apertura de esos mercados para la temporada.
Algunos comerciantes también afirmaron que sus compradores tradicionales estaban obteniendo producto de otras fuentes.
Estas declaraciones reflejan la percepción de los actores locales y no demuestran por sí solas una transformación uniforme de todo el mercado chino.
Pero sus consecuencias económicas son reales.
Un recolector puede encontrar Cordyceps y aun así no conseguir venderlo.
Un comerciante puede invertir una cantidad considerable en comprar ejemplares y después descubrir que no tiene un comprador dispuesto a pagar lo suficiente para cubrir sus costos.
La calidad también influye.
Los ejemplares más gruesos, enteros y mejor conservados suelen alcanzar precios superiores.
Si las cosechas producen ejemplares de menor calidad comercial, los ingresos pueden disminuir incluso sin una reducción proporcional del número de hongos.
Esto significa que las comunidades enfrentan dos incertidumbres simultáneas.
Una ecológica: ¿cuánto Cordyceps habrá este año?
Y otra económica: ¿cuánto estarán dispuestos a pagar por él?
Cuando ambas se combinan, la vulnerabilidad de las familias aumenta considerablemente.

El costo humano de buscar un tesoro a cinco mil metros
La recolección del Cordyceps suele realizarse en terrenos remotos, fríos y difíciles de alcanzar.
Los campamentos pueden encontrarse a altitudes donde la falta de oxígeno, las tormentas repentinas y la exposición prolongada al frío representan riesgos serios.
Las familias transportan provisiones para varias semanas.
Deben caminar largas distancias, permanecer en refugios temporales y buscar durante horas sobre terrenos irregulares.
El esfuerzo físico es considerable.
Y cuando la cosecha es escasa, el costo económico puede resultar devastador.
En septiembre de 2026, The Kathmandu Post informó, citando datos de la Policía Provincial de Karnali, que cinco personas vinculadas con la recolección habían fallecido durante esa temporada en Mugu y Dolpa.
La misma fuente policial contabilizaba 78 fallecimientos desde 2014, además de 106 personas lesionadas o enfermas durante actividades relacionadas con la cosecha.
La búsqueda del Cordyceps no es, por tanto, una aventura romántica en un paisaje extraordinario.
Para quienes dependen de ella, es una actividad económica de alto riesgo.
La montaña que para un visitante puede representar contemplación, desafío o libertad, para una familia recolectora también puede ser un lugar de trabajo donde se decide buena parte de su futuro económico.
Esa diferencia de perspectivas merece ser comprendida.
Cuando la cosecha cambia la infancia
Uno de los efectos menos visibles de la economía del Cordyceps aparece en la educación.
En determinadas regiones, la temporada de recolección coincide con periodos escolares.
Algunas familias se trasladan completas hacia los pastizales, llevando consigo a sus hijos.
Los niños pueden participar en la búsqueda porque su proximidad al suelo y su capacidad de observar detalles pequeños resultan útiles para localizar ejemplares.
Sin embargo, esas semanas también pueden significar ausencias escolares prolongadas.
Aquí aparece una contradicción profunda.
Los ingresos del Cordyceps pueden financiar la educación de los hijos.
Pero obtener esos ingresos puede exigir interrumpir temporalmente sus estudios.
No todas las familias ni todas las comunidades viven esta situación de la misma manera.
Algunas desarrollan estrategias para mantener la continuidad escolar y otras dependen de la participación familiar durante la temporada.
Aun así, el fenómeno demuestra hasta qué punto una actividad económica puede transformar el calendario social de una comunidad.
La montaña no solamente determina qué se cultiva o cuándo se lleva el ganado a los pastos.
También puede determinar cuándo los niños asisten a clases.

El pastoreo, los yaks y los conocimientos que podrían perderse
Antes del auge comercial del Cordyceps, el pastoreo constituía una actividad central en numerosas regiones del Himalaya.
Los rebaños de yaks y otros animales proporcionaban leche, mantequilla, lana, transporte y productos para el intercambio comercial.
Pero el pastoreo también sostenía una forma particular de conocimiento.
Los pastores conocían los cambios de estación, la calidad de los pastizales, las rutas entre asentamientos y las señales del clima.
Sabían interpretar un paisaje que para un visitante puede parecer inmóvil, pero que en realidad cambia constantemente.
Cuando el Cordyceps comenzó a proporcionar ingresos elevados, algunas familias redujeron su dependencia de actividades tradicionales.
La recolección ofrecía una oportunidad de obtener dinero en efectivo sin necesidad de mantener grandes rebaños durante todo el año.
Este cambio no ocurrió de manera uniforme ni significó la desaparición generalizada del pastoreo.
Pero las investigaciones antropológicas muestran que la comercialización del hongo ha contribuido a reorganizar el trabajo y las relaciones económicas en determinadas comunidades.
Ahora surge una pregunta inquietante.
¿Qué ocurre cuando una nueva actividad económica desplaza parcialmente a otra y después deja de ser rentable?
Volver a criar yaks no consiste simplemente en comprar animales.
Requiere acceso a pastizales, infraestructura, relaciones comunitarias, experiencia y conocimientos transmitidos entre generaciones.
Si esas capacidades se debilitan, recuperar la actividad anterior puede resultar difícil.
La desaparición de una fuente de ingresos puede revelar entonces una pérdida cultural que comenzó mucho antes.
La migración: cuando permanecer deja de ser posible
Uno de los aspectos más reveladores de los reportajes publicados en Nepal durante 2026 es el aumento de la incertidumbre sobre el futuro de las familias recolectoras.
Algunos habitantes de Dolpa y Mugu explicaron que sus hijos habían emigrado a India para encontrar trabajo.
Otros señalaron que cada vez menos personas estaban dispuestas a invertir tiempo y dinero en una temporada de cosecha que podía terminar sin ganancias.
Durante décadas, la migración asociada al Cordyceps había tenido un carácter principalmente estacional.
Las familias salían de sus aldeas, subían a los pastizales, recolectaban y regresaban.
El movimiento formaba parte de la vida comunitaria.
Pero cuando la recolección deja de proporcionar ingresos suficientes, la migración puede adquirir otra dimensión.
Los jóvenes buscan empleo en ciudades o países vecinos.
Las familias diversifican sus fuentes de sustento.
Las aldeas pueden perder parte de su población económicamente activa.
La transmisión de conocimientos tradicionales se vuelve más difícil cuando las nuevas generaciones pasan menos tiempo en sus territorios.
No podemos afirmar que el declive del Cordyceps sea la causa única de la migración en el Himalaya.
Intervienen también la educación, las oportunidades laborales, las comunicaciones, las aspiraciones personales y otros cambios económicos.
Pero para las familias que habían llegado a depender del hongo, su pérdida de rentabilidad puede convertirse en un factor decisivo.
Durante años, el Cordyceps permitió a algunas personas permanecer en sus comunidades.
Ahora, su escasez podría estar contribuyendo a que otras tengan que marcharse.

Nubri y Tsum: la historia del Cordyceps en la región de Manaslu
Aunque buena parte de las noticias recientes procede de Dolpa y Mugu, la historia del Cordyceps también está profundamente vinculada con la región de Manaslu.
Los valles de Nubri y Tsum, en el norte del distrito de Gorkha, conservan importantes tradiciones culturales tibetanas y budistas.
Son territorios donde la relación entre las comunidades humanas, las montañas y los recursos naturales está marcada por sistemas de conocimiento desarrollados durante generaciones.
En 2014, los antropólogos Geoff Childs y Namgyal Choedup publicaron una investigación titulada Indigenous Management Strategies and Socioeconomic Impacts of Yartsa Gunbu Harvesting in Nubri and Tsum, Nepal.
El estudio documentó cómo las comunidades de estos valles organizaban la recolección mediante normas que combinaban regulaciones comunitarias y principios religiosos.
Este hallazgo es especialmente importante.
En muchos debates contemporáneos sobre conservación se presenta a las comunidades locales como simples usuarias de recursos naturales que necesitan regulaciones externas.
Pero en Nubri y Tsum existen tradiciones propias para gestionar el acceso a determinados territorios y recursos.
La investigación muestra que las instituciones comunitarias pueden desempeñar un papel fundamental en la organización de la cosecha.
También demuestra que la comercialización del Cordyceps no ocurre en un vacío cultural.
Se introduce en sociedades que ya poseen sus propias ideas sobre la propiedad, la responsabilidad colectiva, la vida religiosa y la relación con el paisaje.
Los resultados documentados en estos valles no deben confundirse con los datos de 2026 procedentes de Karnali: todavía necesitamos investigaciones recientes que permitan cuantificar específicamente los cambios en las cosechas de Nubri y Tsum.
La montaña como territorio sagrado
En diversas tradiciones budistas del Himalaya, el paisaje no se entiende únicamente como un conjunto de recursos materiales.
Las montañas, los ríos, los bosques y ciertos lugares específicos pueden estar asociados con deidades protectoras, relatos religiosos y prácticas espirituales.
En Tsum, por ejemplo, la tradición de no violencia conocida como Shyagya ocupa un lugar importante en la identidad cultural del valle.
Esto no significa que todas las actividades humanas estén libres de contradicciones ni que exista una única interpretación religiosa compartida por todos los habitantes.
Significa que las decisiones sobre el territorio pueden involucrar dimensiones que van más allá de la rentabilidad económica.
La recolección del Cordyceps introduce preguntas particularmente complejas.
¿Cómo se regula la extracción de un organismo valioso dentro de un paisaje que también posee significado espiritual?
¿Quién decide cuántas personas pueden acceder a una pradera?
¿Cómo se distribuyen los beneficios?
¿De qué manera se equilibran las necesidades económicas con las responsabilidades comunitarias y religiosas?
Estas preguntas forman parte de la historia contemporánea del Himalaya.
Y son especialmente relevantes para comprender Manaslu más allá de sus rutas de trekking.

El Himalaya no es solamente un paisaje: es un territorio habitado
Para quienes llegamos desde otras regiones del mundo, el Himalaya suele aparecer representado mediante imágenes de cumbres nevadas, monasterios remotos, glaciares y senderos suspendidos entre montañas.
Es una visión comprensible.
La escala de este paisaje resulta difícil de imaginar hasta que se camina por él.
Pero esa mirada puede dejar fuera una dimensión esencial.
El Himalaya también es un territorio habitado.
Sus valles contienen aldeas, familias, sistemas agrícolas, mercados, historias de migración, disputas territoriales y formas complejas de organización social.
Las comunidades no viven al margen de los cambios globales.
Participan en ellos y también experimentan sus consecuencias.
El comercio del Cordyceps es un ejemplo extraordinario.
Un hongo que crece bajo el suelo de una pradera remota puede terminar en una tienda de lujo en Pekín.
El dinero de esa transacción puede financiar la educación de un niño en Nepal.
La demanda puede modificar las actividades de una familia.
La sobreexplotación puede afectar un ecosistema.
Y el calentamiento global puede alterar las condiciones que permiten la existencia del propio organismo.
Todo está conectado.
La distancia geográfica no significa aislamiento ecológico ni económico.
¿Puede salvarse el Cordyceps?
La situación es preocupante, pero sería prematuro afirmar que el Cordyceps del Himalaya está condenado a desaparecer.
Las investigaciones muestran disminuciones importantes en numerosas regiones, aunque todavía existen grandes incertidumbres sobre sus poblaciones, sus ciclos reproductivos y las diferencias entre territorios.
La conservación requiere actuar sobre varios frentes.
Uno de ellos es mejorar la gestión de la recolección.
Las comunidades pueden establecer temporadas, reglas de acceso, prácticas de extracción cuidadosa y mecanismos para reducir la degradación de los pastizales.
También es necesario comprender mejor el ciclo biológico del hongo y de sus insectos hospedadores.
Sin esa información, resulta difícil determinar qué niveles de cosecha son sostenibles.
Pero existe un límite importante.
Las regulaciones locales pueden ayudar a reducir la presión de extracción, pero no pueden detener por sí solas el calentamiento global.
Y restringir la recolección sin ofrecer alternativas económicas puede perjudicar precisamente a las familias que dependen del recurso.
La conservación del Cordyceps no debería plantearse exclusivamente como un problema biológico.
También es un problema social.
Proteger al hongo y proteger los medios de vida de las comunidades deben formar parte de una misma conversación.

¿Qué futuro espera a las comunidades recolectoras?
No existe una respuesta sencilla.
Algunas familias probablemente continuarán recolectando Cordyceps mientras siga proporcionando ingresos.
Otras combinarán la cosecha con el turismo, la ganadería, la agricultura o la recolección de diferentes plantas medicinales.
Algunas personas emigrarán.
Otras buscarán nuevas maneras de permanecer en sus comunidades.
El turismo de montaña puede ofrecer oportunidades, pero tampoco constituye una solución universal.
Depende de temporadas, infraestructura, condiciones meteorológicas, seguridad de los caminos y mercados internacionales.
Los desastres naturales y las interrupciones de rutas pueden afectar rápidamente a las comunidades que dependen de los visitantes.
Sustituir una economía vulnerable por otra igualmente vulnerable no resuelve necesariamente el problema de fondo.
El desafío consiste en construir formas de vida que permitan a las comunidades decidir su futuro sin depender excesivamente de un solo recurso.
Y hacerlo sin convertir sus tradiciones en simples productos turísticos.
Lo que el Cordyceps nos enseña sobre el futuro del Himalaya
Hay algo profundamente revelador en la historia de este pequeño hongo.
Durante siglos, las comunidades de montaña desarrollaron conocimientos y estrategias para vivir en uno de los ambientes más exigentes del planeta.
Aprendieron a cultivar donde la temporada agrícola dura apenas unos meses.
A desplazarse con los animales siguiendo los pastizales.
A comerciar a través de pasos de montaña.
A interpretar la nieve, el viento y el comportamiento del agua.
El Cordyceps se incorporó a esas estrategias y terminó transformándolas.
Su extraordinario valor abrió oportunidades económicas que parecían difíciles de imaginar.
Pero también creó nuevas dependencias.
Ahora, cuando las cosechas disminuyen y el mercado se vuelve incierto, esas dependencias están quedando expuestas.
El fenómeno forma parte de una transformación más amplia.
Los glaciares retroceden en numerosas regiones del Himalaya.
Los patrones de precipitación están cambiando.
Los riesgos asociados con desprendimientos, inundaciones y lagos glaciares evolucionan.
Los sistemas pastoriles enfrentan nuevas presiones.
No todos estos procesos tienen las mismas causas ni producen los mismos efectos.
Pero juntos están modificando las condiciones materiales sobre las que se construyeron muchas formas de vida en la montaña.
El Cordyceps nos permite observar esa transformación desde una escala inesperada.
No desde una enorme masa de hielo.
No desde una cumbre de ocho mil metros.
Sino desde un organismo de apenas unos centímetros que crece bajo la tierra.
Caminar el Himalaya con otros ojos
En Bushman Expeditions creemos que caminar una montaña implica mucho más que recorrer un sendero.
Significa entrar en un territorio donde la naturaleza y la cultura llevan siglos transformándose mutuamente.
En regiones como Manaslu, los monasterios, las aldeas, los pastizales y los caminos comerciales forman parte de una misma historia.
Comprender esa historia cambia nuestra manera de viajar.
Nos invita a mirar más allá de las cumbres y a prestar atención a las personas que viven a sus pies.
A reconocer que aquello que para nosotros representa una experiencia extraordinaria es, para otros, su hogar y su medio de subsistencia.
La historia del Cordyceps nos recuerda que incluso los organismos más pequeños pueden sostener relaciones humanas inmensas.
Y que cuando esas relaciones se alteran, lo que está en juego no es solamente la desaparición de un recurso.
También puede estar en juego la continuidad de conocimientos, tradiciones y posibilidades de vida.
Tal vez esa sea una de las lecciones más importantes que podemos aprender de las montañas.
No basta con preguntarnos qué está cambiando en el paisaje. También necesitamos preguntarnos qué está cambiando en la vida de quienes lo habitan.
Porque el Himalaya no es solamente un lugar al que viajamos.
Es un mundo que continúa viviendo y transformándose mucho después de que nosotros regresamos a casa.
Fuentes y lecturas recomendadas
- Hopping, K. A., Chignell, S. M. y Lambin, E. F. (2018).The demise of caterpillar fungus in the Himalayan region due to climate change and overharvesting.Proceedings of the National Academy of Sciences.https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6233077/ ↗
Investigación científica sobre las relaciones entre calentamiento global, sobreexplotación y disminución del Cordyceps.
- Childs, G. y Choedup, N. (2014).Indigenous Management Strategies and Socioeconomic Impacts of Yartsa Gunbu (Ophiocordyceps sinensis) Harvesting in Nubri and Tsum, Nepal.HIMALAYA, Journal of the Association for Nepal and Himalayan Studies.https://digitalcommons.macalester.edu/himalaya/vol34/iss1/7/ ↗
Investigación antropológica sobre la gestión tradicional de la recolección en la región de Manaslu.
- Gautam, Krishna Prasad (13 de julio de 2026).The Himalayas are running out of their prized harvest.The Kathmandu Post.https://kathmandupost.com/national/2026/07/13/the-himalayas-are-running-out-of-their-prized-harvest ↗
Reportaje sobre las dificultades de las familias recolectoras en Mugu y Dolpa durante la temporada de 2026.
- Gautam, Krishna Prasad (22 de septiembre de 2026).The dangerous hunt for yarsagumba is no longer paying off for Karnali’s collectors.The Kathmandu Post.https://kathmandupost.com/karnali-province/2026/09/22/the-dangerous-hunt-for-yarsagumba-is-no-longer-paying-off-for-karnali-s-collectors ↗
Reportaje sobre disminución de ingresos, comercio fronterizo, migración y datos administrativos de recolección en Karnali.
Nota editorial: Este artículo es una investigación de divulgación basada en literatura científica, estudios antropológicos y periodismo nepalí. No se presenta como trabajo de campo original ni atribuye entrevistas propias a Bushman Expeditions.

